
Conozco una historia de 3 ciegos que encontraran un elefante, y fue pedido a cada uno de ellos que describiera el animal. Cada uno dijo una cosa diferente. El primero afirmo que el elefante era como una grande manguera; el segundo dijo, que el animal parecía a una parte de una escoba; y el tercero dijo que parecía a un árbol. Cada uno describió el animal de acuerdo de su perspectiva. Ninguno de ellos estaban correctos o equivocados. Todos tenian derecho a su punto de vista personal.
Nosotros somos humildes cuando percibimos que somos como los ciegos, limitados en nuestra capacidad de percibir las cosas que están bien en frente de nosotros. O sea no siempre aquello que nuestros miramos o pensamos está equivocado. A causa de nuestros pensamientos destorcemos situaciones y hasta personas. Nos colocando en la posición de juzgar, y debemos acordar que nuestro propio Señor dijo que Él no vino al mundo para juzgar y si para salvar. ¿Imagine como debemos ser?
Jesús nos advirtió acerca de las trampas de juzgar a los otros. Muchas veces nuestros juzgamientos son basados en las informaciones destorcidas por nuestra manera de ser y que no necesariamente corresponde a la realidad. Desafortunadamente yo me equivoque muchísimo. Yo me equivoque muchissimo por tantas veces que juzgué a alguien porque a mis ojos, esta persona estaba equivocada. Pero en la verdad, después de mucho tiempo fui entender que había muchos fatos que yo no conocía, y en este momento es que caímos en una trampa, desagradamos a Dios , y somos injustos con las personas.
Necesitamos creer que sabemos de la verdad completa a respecto de estas cosas y personas para que nosotros estemos seguros, sabiendo que dominamos completamente la situación y que nada de nuevo ira a nos perturbar. El temor del desconocido esta basada en la intolerancia. El nos lleva a juzgar y a classificar personas y cosas. Cuando sentimos ese tipo de miedo, condenamos lo que nosotros no comprendemos...
Todo depende de nuestro ponto de vista, pero la palabra de Dios nos enseña: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:17
Cuando juzgamos a los otros, condenamos a nosotros mismos.